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TURANDOT

de Giacomo Puccini

Turandot, la ópera pòstuma de Puccini y su gran obra maestra, es sin duda uno de los títulos más emblemáticos de todo el repertorio operístico.

Esta ópera, muy popular por su espectacularidad, deja muy atrás el verismo pucciniano para adentrarse en un drama ambientado en una China legendaria. En un imperio atemorizado, la cruel princesa Turandot condena a muerte a los numerosos pretendientes, que no aciertan los tres enigmas que ella les propone y que, a pesar de la muerte casi segura, acuden a Pequín. El príncipe Calaf, al ver la belleza y el poder de Turandot, decide aceptar el desafío. Desde el instante en el que la ve, se enamora de ella y está dispuesto a arriesgarlo todo para conquistar su corazón. Calaf resuelve los tres enigmas, pero Turandot no se da por vencida. El príncipe le dice que si descubre su nombre antes del alba, él tendrá que morir. Con la ayuda de Liù, la joven y dulce esclava, Calaf mantiene su nombre en secreto. Al final, Turandot acepta emparejarse con Calaf y dice que ya conoce su nombre: ¡Amor!

Una historia complicada y enigmática servida por una música majestuosa y espectacular, que incluye el aria “Nessun dorma”, una de las más aclamadas de todo el repertorio operístico, pero también otros momentos musicales destacados como las arias “In questa reggia” (Turandot) o “Tu che di gel sei cinta” (Liù).

TURANDOT

Giacomo Puccini (1858-1924)
17/04/2024 – 14/05/2024

Ópera en tres actos (Sobretitulada en catalán).

Texto de Giuseppe Adami y Renato Simoni.

Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán el 25 de abril de 1926. En Catalunya se estrenó en el Gran Teatro del Liceu el 30 de diciembre de 1928.

Durada aproximada: 2 h 45 min.

Acto 1: 35 min.
Descanso 30 min.
Acto 2: 45 min.
Descanso 15 min.
Acto 3: 40 min.

REPARTO

Maribel Ortega / Eugènia Montenegro

La Principessa Turandot

Antoni Lliteres / Nacho Guzmán

Il Principe ignoto (Calaf)

Ivana Ledesma / Violeta Alarcón

Liù

Gonzalo Ruiz / Jeroboám Tejera

Timur

Jordi Casanova

L'Imperatore Altoum

Carles Daza

Ping

Jorge Juan Morata

Pang

Marc Sala

Pong

Cristòfol Romaguera

Un mandarino

FICHA ARTÍSTICA

Dirección musicalDaniel Gil de TejadaAdaptación sobretituladoGlòria Nogué
Dirección de escena y vestuarioCarles OrtizRegidor de escenariJordi Galobart
Asistente de direccióe de escenaEsteve GorinaRealización escenografíaRB Creacions 1990, S.L. (Raül Vilasis y Berta Vidal)
Diseño de escenografíaJordi GalobartRealización vestuarioM. Carmen Muñoz / Eva Selma
IluminaciónPor determinarMaquillajeAmparo López González
VestuarioFundació Òpera a CatalunyaPeluqueríaJúlia Ramírez / Nerea Fernández
Maestros asistentes musicalesAndrea Álvarez / Juli RodríguezProducción y organizaciónFundació Òpera Catalunya
Traducción sobretituladoJordi Torrents  
    
    

Cor Amics de l’Òpera de Sabadell
Orquestra Simfònica del Vallès

Saber más

sala de prensa

funciones

ABRIL 2024

Sabadell, Teatro La Faràndula Miércoles 17 abril, 20 h

Viernes 19 abril, 20 h

Domingo 21 abril, 18 h

Tarragona, Teatro Tarragona
Viernes 26 abril, 19 h

Barcelona, Palau de la Música Catalana
Sábado 27 abril, 18:30 h

Vic, Teatro L’Atlàntida
Domingo 28 abril, 18 h

MAYO 2024

Manresa, TeatroKursaal
Miércoles 1 mayo, 18 h

Sant Cugat del Vallès, Teatre-Auditori Sant Cugat
Viernes 3 mayo, 20 h

Granollers, Teatre Auditori
Domingo 5 mayo, 18 h

Viladecans, Atrium
Viernes 10 mayo, 20 h

Barcelona, Palau de la Música Catalana
Sábado 11 mayo, 18:30 h

Reus, Teatro Fortuny
Martes 14 mayo, 20:30 h

Girona, Teatre Municipal
Viernes 17 mayo, 20 h

Playlist

ópera en construcción

Cápsula 1: Argumento

Cápsula 2: Música

Cápsula 3: Protagonistas

Cápsula 4: Escena

Galería de imágenes

NOS APOYAN

TURANDOT

La acción transcurre en Pekín, en la China Imperial, en época legendaria

 

ACTO PRIMERO

Ante las murallas de Pekín

El pueblo de Pekín escucha la proclama de un mandarín (Popolo di Pechino). Mediante ésta se recuerda a todo el mundo que la princesa Turandot solo se casará con aquel pretendiente de sangre real que responda correctamente a los tres acertijos propuestos por la princesa. Si no es así, el pretendiente morirá. Acto seguido se hace saber que el último de ellos, el Príncipe de Persia, ha fallado y, por lo tanto, será decapitado en cuanto salga la luna. La noticia excita a la multitud, siempre sedienta de sangre, que acude en masa para presenciar la ejecución.

En medio del gentío hay un anciano ciego, acompañado por una joven esclava que lo guía. Son Timur, el destronado rey de los tártaros, y la esclava Liù. El ciego, empujado por la gente, cae al suelo y es ayudado a levantarse por un desconocido. Éste no es otro que su propio hijo, Calaf (el nombre del cual no se descubrirá hasta el final de la ópera). El hijo reconoce inmediatamente a su padre. Timur, feliz por haber encontrado a su hijo, le explica su historia, cómo la pequeña esclava Liù le ha hecho de guía desde el momento de su caída del poder. Calaf pregunta a la muchacha el por qué de esta actitud tan generosa y ella responde que lo hace porque una vez, hace ya tiempo, en el palacio, él le dedicó una sonrisa.

Aparece el verdugo Pu-Tin-Pao, aclamado por el pueblo (Gira la cote!). Poco después, el Príncipe de Persia es arrastrado al suplicio y el pueblo pide clemencia, pero la princesa Turandot se muestra un momento para ordenar al verdugo que proceda. Calaf, que hasta entonces miraba el espectáculo con desprecio, queda completamente atónito por la belleza de la princesa (O divina bellezza! O meraviglia!) y de repente decide, contra las súplicas de su padre y de Liù, presentarse como candidato a la mano de Turandot. Cuando está a punto de golpear el preceptivo gong, aparecen los tres ministros Ping, Pang y Pong para intentar convencerlo de que no se arriesgue ya que, al fin y al cabo, Turandot solo es una mujer (Fermo! Che fai? T’arresta!). Liù suplica dramáticamente al príncipe que no lo haga (Signore ascolta), pero Calaf le dice tiernamente que ya es tarde (Non piangere Liù): está decidido a hacerlo; si pierde la vida en el intento le pide que no deje solo al viejo Timur. Calaf golpea tres veces el gong.

 

ACTO SEGUNDO

Escena primera: El pabellón de los ministros en el Palacio Imperial

Ping, Pang y Pong comentan la mala vida que tienen por culpa de la actitud de la princesa (Olà, Pang! Olà, Pong!). Están hartos de tanta sangre derramada por los pretendientes, la lista de los cuales repasan. Lo que querrían es participar en los preparativos de la boda. Acaban su intervención suspirando por retirarse a sus fincas (Ho una casa nell’ Honan). Se oyen las trompetas que los convocan a la ceremonia del enésimo pretendiente.

Escena segunda: Una gran plaza delante del Palacio Imperial

Llega un gran gentío: pueblo, ministros, guardias y cortesanos, para esperar la llegada del Emperador Altoum, que tiene que presidir la ceremonia. Éste entra y es aclamado por el pueblo (Diecimila anni al nostro Imperatore!). El mismo Emperador también está cansado de tanta sangre y tanta muerte e intenta advertir al joven pretendiente que aún está a tiempo de retirarse (Un giuramento atroce mi costringe). Calaf, sin embargo, dice que no. El mandarín lee el edicto que recuerda el procedimiento. 

Aparece en escena Turandot y explica a todo el mundo el por qué de su actitud cruel con los pretendientes (In questa reggia). Todo es para vengar a una antepasada suya, la princesa Lou Ling, que fue violada y muerta por un extranjero mucho tiempo atrás. Entonces, ella ha decidido no ser de nadie e imponer la prueba mortal a todos los príncipes que vienen de todas partes para hacerla suya. Acto seguido, ella misma propone los tres enigmas. Calaf responde correctamente a los tres: la esperanza, la sangre y Turandot. Todo el mundo celebra el fin de las macabras pruebas, pero Turandot no acepta haber perdido y suplica a su padre que no la entregue a este extranjero (Figlio del cielo! Padre augusto!). El Emperador, sin embargo, responde que así lo juró. Calaf, al ver la resistencia de Turandot, y puesto que no la quiere tener por la fuerza, le propone a su vez otro enigma: ella no conoce su nombre; si lo llega a saber antes del alba, entonces morirá (Tre enigmi m’hai proposto). Turandot acepta.

 

ACTO TERCERO

Escena primera: Los jardines del Palacio Imperial. Es de noche

Turandot ha ordenado, bajo pena de muerte, que nadie duerma en Pekín y que todo el mundo se dedique a averiguar el nombre del príncipe ignoto. Éste, entonces, reflexiona sobre la situación y se muestra convencido de su victoria sobre la fría Turandot (Nessun dorma). Ping, Pang y Pong se presentan para convencerlo de que acabe de una vez con la situación: a cambio le ofrecen mujeres y riquezas, pero Calaf se mantiene firme en su decisión.

Llegan unos guardias llevando con ellos a Timur y Liù. Alguien los ha visto hablando con el príncipe y deducen, correctamente, que conocen su nombre. También Turandot hace entonces acto de presencia y el verdugo empieza a torturar a Liù que ha confesado ser la única que conoce el nombre. La esclava ofrece una resistencia sobrehumana y no dice el nombre. Entonces, la princesa le pregunta qué es lo que le da la fuerza interior para soportar tal dolor (Chi posse tanta forza nel tuo cuore?) y Liù le responde: el amor. Entonces manifiesta que callando le da a su señor (Calaf) el amor (de Turandot); éste es el supremo sacrificio del gran amor que siente por él (Tanto amore segreto). Advierte a la princesa que ella, hecha de hielo, también se rendirá al amor (Tu che di gel sei cinta). Y como ve que se encuentra en el límite de su resistencia, arrebata un puñal a un soldado y se da muerte.

Todos lloran la muerte de la dulce Liù, sobretodo el viejo Timur. Perturbado por los hechos, Calaf se enfrenta con rabia a Turandot, reprochándole su frialdad al derramar sangre inocente (Principessa di morte! Principessa di gelo!). Sigue un largo diálogo entre los dos en el que Turandot, poco a poco, va perdiendo su rígida actitud y, finalmente, Calaf besa apasionadamente a la princesa. Sale el sol y suenan las trompetas del palacio, al mismo tiempo que Calaf confiesa su nombre (Io son Calaf, figlio di Timur!).

Escena segunda: Delante del Palacio Imperial

El Emperador y toda la corte comparecen ante el pueblo (Diecimila anni al nostro Imperatore!). Turandot dice a su padre que ya conoce el nombre del extranjero: su nombre es ‘Amor’ (Il suo nome è… Amor). El pueblo estalla de alegría, glorificando al amor (Amor! O sole! Vita! Eternità!).

TURANDOT SE MIRA AL ESPEJO

¿Cuántas Turandots, la ópera, disfrutaremos a lo largo de nuestra vida? Y ¿cuántas Turandots, la princesa, habremos visto? Mi hipótesis, aglutinando ambas preguntas, es que habremos visto tantas princesas como producciones de esta ópera. Puede parecer todo lo contrario, cierto: para muchos de nosotros, Turandot siempre será esa femme fatale, una belle dame sans merci, como se decía en la literatura de la época. Leemos en los programas de mano que Turandot es fría, orgullosa, altiva y cruel (cortesía de su antepasada Louling), en contraposición al otro personaje femenino de la ópera, Liù, quien es amable, gentil y apasionada. A la ‘pobre’ Turandot se le han dedicado incluso calificativos muy feos, como psicópata y frígida. Y, poca broma, al final de la ópera, salto mortal de Turandot, que se convierte prácticamente en otra persona por la magia del drama: el tigre se vuelve inocente, dulce y vulnerable, embelesada por el sacrificio de Liù.

Pero Turandot es, en el fondo, un constructo cultural, y como tal, ¡puede representar tantas cosas! Sin ir más lejos, la Turandot de Puccini, Adami y Simoni nada tienen que ver con la de Gozzi o la de Schiller: Gozzi escribió su Turandot basándose en la tradición de la commedia dell’arte en 1761; a partir de ésta, Schiller construye su Turandot, Prinzessin von China en 1802 (en verso). Y de aquí, hacia el siglo XX. Ya solo con esta cronología, ¿cómo no puede ir cambiando el personaje? Nuevos tiempos, nuevos públicos.

Los animo a dar un paseo, pues, por la literatura existente, antes de ir a ver esta nueva producción de Turandot: empiecen si quieren por las versiones previas del personaje, y después sobre los ríos de tinta que los académicos han escrito sobre la Turandot pucciniana. Encontrarán de todo: comparaciones con exorcismos (por aquello que decíamos del cambio); proyecciones puccinianas de su crisis marital o de la angustia que le causaba al compositor ver la quiebra del estado moderno italiano (¡pobre, si estuviera vivo ahora mismo!); interpretaciones freudianas (aquello que decíamos antes de la princesa frígida); y el eterno debate sobre qué significa ser una mujer pucciniana, posiblemente uno de los puntos más contenciosos en la literatura sobre el compositor.

 

Marc Balcells

Profesor de los estudios de derecho y ciencia política en la UOC. Vicepresidente de Amics del Liceu

MÚSICA AL SERVICIO DE LAS EMOCIONES

Si algo caracteriza la escritura musical pucciniana, es la capacidad de asimilar los diferentes lenguajes musicales de su época para ponerlos al servicio de la ópera. Puccini entiende la música como un elemento dramatúrgico fundamental. La música nos narra y narra sobre todo las emociones del teatro operístico. En el caso de Turandot, el último estadio de su evolución como compositor, usó una extensa paleta de recursos inspirados en las corrientes vanguardistas de su tiempo. El eco de la brutalidad sonora de algunos pasajes de La consagración de la primavera (1913) de Stravinski resuena en los primeros acuerdos de Turandot y las exóticas armonías y orquestaciones de Debussy con flauta, arpa y celesta aparecen, por ejemplo, en el Canto a la Luna del coro del acto I. Otro eco de Debussy se encuentra en la escena de los tres ministros al inicio del acto II con el uso de la escala de tonos enteros y el recurso a una percusión exótica y orientalista. Por otro lado, la vocalidad contundente del personaje de Turandot, con su dificilísima aria In questa reggia, es heredera de la de Salome o Elektra de Richard Strauss. No sorprende que muchas sopranos tengan los tres personajes en su repertorio. El otro elemento diferencial de Turandot es el alejamiento de la estética naturalista del verismo: Turandot y Calaf, desde el punto de vista dramático, tienen poco que ver con Mimì, Rodolfo o Butterfly. Subsisten, sin embargo, algunos elementos musicales que no son tan lejanos. La inclusión de pasajes de melodismo exaltado en las dos arias de Liù y de Calaf, como el famoso Nessun dorma, que son el canto del cisne de la tradición lírica de la ópera italiana a la cual Puccini permaneció fiel hasta el último momento.

Como es sabido, la partitura quedó inacabada a la muerte de Puccini y el dúo y el coro final son obra del compositor Franco Alfano, que hizo un trabajo muy digno, especialmente en el coro, que retoma el tema de Nessun dorma con una escritura musical muy brillante.

La partitura de Turandot es el testamento musical de Puccini, compositor que no dejó nunca de evolucionar con un objetivo siempre presente: cautivar emocionalmente al público a través de su música.

 

Marc Heilbron

Profesor de Historia de la Ópera de la ESMUC