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NORMA

de Vincenzo Bellini

Norma, la octava ópera de Bellini, es sin duda una de las obras más paradigmáticas del bel canto y la más conocida entre las que compuso.

Con texto de Felice Romani, el libretista habitual de Bellini, la acción se desarrolla en la Galia durante la ocupación romana, alrededor del año 50 a. C. Norma es una sacerdotisa obligada a mantenerse virgen, pero mantiene una relación secreta con Pollione, el jefe de los enemigos romanos, con quien tiene dos hijos. Cuando él se cansa de ella y busca a una joven novicia, Adalgisa, Norma estalla, pero al final, con Pollione en sus manos como prisionero, ella manifiesta ante su pueblo que ha roto sus votos y merece el castigo: morir en la hoguera junto a Pollione, quien queda admirado por la nobleza de alma y el coraje de esta mujer.

Norma está considerada una de las cimas del estilo belcantista, cultivado por el propio Bellini, Donizetti y otros compositores de la época, que daba preeminencia a la expresividad de la voz, con melodías largas y dramáticas, como las que se pueden escuchar en la celebérrima aria Casta diva, una de las más difíciles del repertorio de soprano.

NORMA

Vincenzo Bellini (1801-1835)
18/02/2026 – 17/03/2026

Ópera en dos actos (sobretitulada en catalán).

Texto de Felice Romani, basado en el drama francés Norma, ou l’infanticide de Alexandre Soumet.

Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán el 26 de diciembre de 1831. En Catalunya se estrenó en el Teatre de la Santa Creu de Barcelona el 4 de junio de 1835.

Duración aproximada: 3 h 5 min.

Acto 1: 90 min.
Descanso 20 min.
Acto 2: 75 min.

REPARTO

Maribel Ortega - Norma

18, 22 y 27 de febrero
1, 4, 7, 15 y 17 de marzo

Carmen Buendía - Norma

20 y 24 de febrero
6, 8 y 13 de marzo

Anna Tobella - Adalgisa

18, 22 y 27 febrero
1, 4, 7, 8 y 15 de marzo

Olga Syniakova - Adalgisa

20 y 24 de febrero
6, 13 y 17 de marzo

Kenneth Tarver - Pollione

18 y 22 de febrero
1, 4, 7, 13 y 15 de marzo

Marc Sala - Pollione

20, 24 y 27 de febrero
6, 8 y 17 de marzo

David Cervera - Oroveso

18, 22 y 27 de febrero
4, 13, 15 y 17 de marzo

Jeroboám Tejera - Oroveso

20 y 24 de febrero
1, 6, 7 y 8 de marzo

Laura Obradors

Clotilde

Roberto Redondo-Sainz

Flavio

FICHA ARTÍSTICA

Dirección musicalJulio García Vico / Daniel Gil de Tejada (13 y 15 de marzo)Traducción sobretituladoJordi Torrents
Dirección de escena y vestuarioCarles OrtizAdaptación sobretituladoGlòria Nogué
Asistente de movimiento escénicoJaume SangràRegidor de escenarioJordi Galobart
Diseño de escenografíaJordi GalobartRealización escenografía y maquinariaRB Creacions 1990, S.L. (Raül Vilasis y Berta Vidal)
VestuarioFundació Òpera a CatalunyaCoordinación caracterizaciónToni Santos

Producción y organización Fundació Òpera a Catalunya

Cor Amics de l’Òpera de Sabadell

Orquestra Simfònica del Vallès

Saber más

sala de prensa

funciones

FEBRERO 2026

Sabadell, Teatre La Faràndula
Miércoles 18 febrero, 20 h

Viernes 20 febrero, 20 h

Domingo 22 febrero, 18 h

Martes 24 febrero, 20 h

Sant Cugat del Vallès, Teatre-Auditori Emma Vilarasau
Viernes 27 febrero, 20 h

MARZO 2026

Granollers, Teatre Auditori
Domingo 1 marzo, 18 h

Manresa, Teatre Kursaal
Miércoles 4 marzo, 18 h

Girona, Teatre Municipal
Viernes 6 marzo, 19 h

Barcelona, Palau de la Música Catalana
Sábado 7 marzo, 18.30 h

Lleida, Teatre de la Llotja
Domingo 8 marzo, 18 h

Tarragona, Teatre Tarragona
Viernes 13 marzo, 18 h

Vic, Teatre L’Atlàntida
Domingo 15 marzo, 18 h

Reus, Teatre Fortuny
Martes 17 marzo, 20.30 h

Playlist

DOSIER DIDÁCTICO

PODCAST

òpera en construcció

Cápsula 1: Argumento

Cápsula 2: Los ensayos de una producción operística

Cápsula 3: la música: el belcanto

Cápsula 4: Escena

òpera en construcció

Cápsula 1: El argumento

Cápsula 2: La puesta en escena

òpera en construcció

Cápsula 1: Argumento

Càpsula 2: Caracterització

Càpsula 3: La gira

Galería de imágenes

NORMA

La Galia ocupada por los romanos, hacia el año 50 a.C.

ACTO I

Es noche de luna llena y un grupo de druidas, encabezado por Oroveso, el padre de Norma, se reúne por el ritual sagrado de la cosecha del muérdago (Ite sul colle, o druidi). Esperan una señal del dios Irminsul para romper la tregua y retomar la guerra contra Roma.

Cuando los druidas se alejan, entra el procónsul romano Pollione, acompañado por el centurión Flavio (Svanir le voci!). Pollione es el amante secreto de la sacerdotisa Norma, con quien tiene dos hijos, pero recientemente se ha enamorado de otra sacerdotisa, la joven Adalgisa. Pero lleno de remordimientos, explica a su amigo un sueño que ha tenido en que Norma lo separa de Adalgisa (Meco ajo’altar di Venero).

Los romanos se van y vuelven los druidas. Aparece Norma (Norma viene), encargada de recoger el muérdago sagrado. La sacerdotisa habla en el pueblo galo afirmando que el tiempo de la guerra contra Roma todavía no ha llegado (Sediziose voci, voci di guerra) y asegura que Roma caerá por culpa de sus propios vicios. Acto seguido corta el muérdago con una hoz y lo ofrece a la diosa de la luna (Casta diva). Norma acaba diciendo que cuando llegue la hora en la que Irminsul reclame la sangre romana, ella misma lo manifestará. Pero secretamente sufre por su amado Pollione (Ah! bello a me ritorna).

Todo el mundo se va, menos Adalgisa que se queda sola en escena y ruega a Irminsul que lo ayude a resistir el amor que siente por el procónsul romano (Sgombra è la sacra selva). Este entra y suplica la joven que no lo deje (Va, crudele, al Dio spietato). Ella se resiste a romper sus votos, pero Pollione, que tiene que volver a Roma, insiste en que lo acompañe (Vieni in Roma). Finalmente, Adalgisa, a pesar de ser consciente de su perjurio, accede a huir con él.

Norma se retira en el bosque, al lugar donde esconde sus dos hijos. Está preocupada porque ha escuchado que Pollione vuelve a Roma y teme quedarse sola. Ordena a la fiel Clotilde que esconda los niños (Vanne, e le cela entrambi) y a continuación entra Adalgisa. Esta viene a pedir consejo a Norma y le confiesa que se ha enamorado, tan profundamente que está a punto de romper sus votos. Norma recuerda su propio caso (Oh! Rimembranza!) y es indulgente con Adalgisa: como todavía no ha pronunciado los votos definitivos, es libre de seguir a su amado.

De repente entra Pollione y Norma, al saber que él es el objeto del amor de Adalgisa, cambia radicalmente de actitud y desata una gran cólera contra el romano (Oh! di cual sei tú vittima). Adalgisa, entonces, conoce toda la verdad de la relación de Norma y Pollione y, mientras aquella la amenaza con la guerra, este la desafía (Vanne, si: mí lascia, indegno). De fondo se escucha el gong que convoca Norma al templo.

ACTO II

Norma, con un puñal en la mano, contempla como sus hijos duermen. Quiere matarlos para evitar que vayan a Roma con Pollione (Dormono entrambi). Pero su amor de madre no se lo permite.

Norma hace venir Adalgisa, a quien confía los niños rogándole que los lleve con su padre y se case con él (Deh! cono te, cono te le prendi). Adalgisa, a pesar de haber jurado cumplir los deseos de Norma, se niega y prefiere renunciar a Pollione a fin de que este vuelva con la madre de sus hijos (Mira, o Norma). Las dos sacerdotisas se juran amistad por siempre jamás (Sì, fino ajo’oro estreme).

Oroveso manifiesta a los druidas que el sucesor de Pollione será todavía más odioso que este (Guerrieri! a voi venirne). Ante la incertidumbre de que Norma se decida por la guerra, acuerdan disimular sus sentimientos y su odio ante los romanos. Norma llega al templo de Irminsul convencida que Pollione volverá con ella (Ei tornerà). Clotilde, no obstante, le comunica que el procónsul quiere raptar Adalgisa dentro del templo. Norma, furiosa, hace sonar el gong y convoca el pueblo. Ante todo el mundo, anuncia guerra total contra Roma (Guerra, guerra!).

Pollione, de mientras, ha sido detenido dentro del templo y es llevado ante la presencia de Norma, Oroveso y los druidas. Oroveso pide a su hija que lo sacrifique al dios, pero ella no puede y pide que la dejen sola con él.

Norma ofrece a Pollione salvarle la vida pero a cambio de que deje Adalgisa (In mia man alfin tú sei). Pollione no acepta y ella lo amenaza, primero con matar a sus hijos y, después, con matar a Adalgisa. El procónsul le ruega que no lo haga y ofrece su vida a cambio. Pero Norma está decidida a llegar hasta el final (Già mí pasco ne’ tuoi sguardi).

Norma convoca todos los druidas y les anuncia que añade una nueva víctima para sacrificar a Irminsul: una sacerdotisa perjura que ha roto sus votos. Pollione, pensando que se refiere a Adalgisa, le ruega que no descubra su nombre, pero Norma sorprende todo el mundo diciendo que es ella misma.

Oroveso y los druidas están horrorizados. Norma se dirige a Pollione para decirle que, a pesar de todo, no ha podido huir de ella porque sus destinos están fatalmente unidos (Cual corazón tradisti, cual corazón perdesti). Norma encomienda sus hijos a Oroveso (Deh! non volerli vittime) y, junto con Pollione, se dirige a morir a la hoguera.

LA METAMORFOSIS ROMÁNTICA DE UN MITO

El año 1831, el Théâtre del Odéon se añadía a la efervescencia romántica que agitaba París con el estreno de Norma huevo el infanticide, una tragedia en cinco actas de Alexandre Soumet que recupera la figura de Medea de la mitología griega y la reinterpreta en clave contemporánea, es decir, romántica. Los ingredientes esenciales ya venían de serie: una sacerdotisa que rompe sus votos por amor, un infanticidio latente como venganza y el sacrificio de una mujer dividida entre el amor, la traición y la piedad.

La pieza cautivó el público parisiense y tuvo suficiente impacto para llamar la atención de Felice Romani, libretista habitual de Vincenzo Bellini. No sabemos con certeza si Romani presenció la representación, pero el texto de Soumet le llegó, e hizo un libreto operístico que Bellini musicó en poco más de tres meses. Así nacía Norma, una de las grandes obras maestras del bel canto y un hito indiscutible en la construcción de la tragedia romántica. Además de Soumet, el libreto se inspira también en Las martyrs de Chateaubriand y en La vestale de Spontini.

Tanto la Medea de Eurípides como la Norma de Soumet son mujeres que, por amor en un extranjero, han traspasado los límites morales y espirituales de su mundo. Las dos son madres, pero la maternidad acontece un límite insoportable cuando descubren la traición: el hombre amado las ha abandonado por otra. El deseo de venganza emerge como respuesta visceral, y toma la forma de un infanticidio concebido como castigo simbólico. Pero mientras que Medea consuma el acto y huye con sangre en las manos, Norma para el brazo a tiempo, conmovida por la visión de sus hijos dormidos. Y escoge otra forma de sacrificio: inmolarse junto al hombre que la ha traicionado. Es aquí donde la mirada romántica transforma el mito.

Este giro emocional definitivo se produce a comienzos del segundo acto con “Dormono entrambi”, un fragmento que no es exactamente una aria, sino más bien un arioso de una intensidad contenida, en el cual la voz se funde con el discurso dramático y evita el lucimiento vocal superficial. Norma, con el puñal en la mano, contempla sus hijos mientras duermen. La acción no se para, pero su mundo interior sí: se debate entre la desesperación y la ternura. Allí donde Medea actúa, Norma reflexiona. Lo que en la tragedia griega es acción fatal, aquí es lucha interna, piedad y redención. Bellini compone una música que muestra una madre desarmada por su instinto, atrapada entre el dolor y el amor. La violencia acontece compasión, y el final trágico ya no es destrucción, sino sublimación.

Pero Norma no es solo una mujer traicionada: es sacerdotisa y guía espiritual de un pueblo ocupado y, por tanto, también una figura política. Su sacrificio final adquiere una dimensión colectiva y espiritual: no es solo la penitencia de una amante, sino la ofrenda de una líder. Norma no es víctima de una sola decisión, sino del choque inevitable entre todos los roles que representa: madre y transgresora, amante y sacerdotisa, mujer y símbolo. Su final —ritual y purificador— se inscribe plenamente dentro de la tradición trágica, pero es una tragedia de conciencia, de renuncia y de aceptación, no de castigo.

Una diferencia fundamental entre la tragedia teatral de Soumet y la ópera de Bellini rae precisamente en el desenlace. En Norma huevo el infanticide, la protagonista se libra suela al castigo: después de renunciar a matar sus hijos, se entrega a la justicia y es condenada a morir a la pira, cumpliendo así el castigo ritual por haber roto los votos sagrados. El amante traidor, Sévérous, no comparte su condena, a pesar del remordimiento que lo abruma.

En cambio, la ópera de Bellini transforma este final en una sublimación amorosa y redentora: Pollione, impresionado por la grandeza moral de Norma, finalmente lo acompaña en la muerte. El sacrificio ya no es solitario, sino compartido. Una decisión que encaja perfectamente dentro de la sensibilidad romántica que mencionábamos al principio: la tragedia no castiga, redime.

Christian Machio
Periodista y divulgador especializado en artes escénicas

NORMA

La Galia ocupada por los romanos, hacia el año 50 a.C.

ACTO I

Es noche de luna llena y un grupo de druidas, encabezado por Oroveso, el padre de Norma, se reúne por el ritual sagrado de la cosecha del muérdago (Ite sul colle, o druidi). Esperan una señal del dios Irminsul para romper la tregua y retomar la guerra contra Roma.

Cuando los druidas se alejan, entra el procónsul romano Pollione, acompañado por el centurión Flavio (Svanir le voci!). Pollione es el amante secreto de la sacerdotisa Norma, con quien tiene dos hijos, pero recientemente se ha enamorado de otra sacerdotisa, la joven Adalgisa. Pero lleno de remordimientos, explica a su amigo un sueño que ha tenido en que Norma lo separa de Adalgisa (Meco ajo’altar di Venero).

Los romanos se van y vuelven los druidas. Aparece Norma (Norma viene), encargada de recoger el muérdago sagrado. La sacerdotisa habla en el pueblo galo afirmando que el tiempo de la guerra contra Roma todavía no ha llegado (Sediziose voci, voci di guerra) y asegura que Roma caerá por culpa de sus propios vicios. Acto seguido corta el muérdago con una hoz y lo ofrece a la diosa de la luna (Casta diva). Norma acaba diciendo que cuando llegue la hora en la que Irminsul reclame la sangre romana, ella misma lo manifestará. Pero secretamente sufre por su amado Pollione (Ah! bello a me ritorna).

Todo el mundo se va, menos Adalgisa que se queda sola en escena y ruega a Irminsul que lo ayude a resistir el amor que siente por el procónsul romano (Sgombra è la sacra selva). Este entra y suplica la joven que no lo deje (Va, crudele, al Dio spietato). Ella se resiste a romper sus votos, pero Pollione, que tiene que volver a Roma, insiste en que lo acompañe (Vieni in Roma). Finalmente, Adalgisa, a pesar de ser consciente de su perjurio, accede a huir con él.

Norma se retira en el bosque, al lugar donde esconde sus dos hijos. Está preocupada porque ha escuchado que Pollione vuelve a Roma y teme quedarse sola. Ordena a la fiel Clotilde que esconda los niños (Vanne, e le cela entrambi) y a continuación entra Adalgisa. Esta viene a pedir consejo a Norma y le confiesa que se ha enamorado, tan profundamente que está a punto de romper sus votos. Norma recuerda su propio caso (Oh! Rimembranza!) y es indulgente con Adalgisa: como todavía no ha pronunciado los votos definitivos, es libre de seguir a su amado.

De repente entra Pollione y Norma, al saber que él es el objeto del amor de Adalgisa, cambia radicalmente de actitud y desata una gran cólera contra el romano (Oh! di cual sei tú vittima). Adalgisa, entonces, conoce toda la verdad de la relación de Norma y Pollione y, mientras aquella la amenaza con la guerra, este la desafía (Vanne, si: mí lascia, indegno). De fondo se escucha el gong que convoca Norma al templo.

ACTO II

Norma, con un puñal en la mano, contempla como sus hijos duermen. Quiere matarlos para evitar que vayan a Roma con Pollione (Dormono entrambi). Pero su amor de madre no se lo permite.

Norma hace venir Adalgisa, a quien confía los niños rogándole que los lleve con su padre y se case con él (Deh! cono te, cono te le prendi). Adalgisa, a pesar de haber jurado cumplir los deseos de Norma, se niega y prefiere renunciar a Pollione a fin de que este vuelva con la madre de sus hijos (Mira, o Norma). Las dos sacerdotisas se juran amistad por siempre jamás (Sì, fino ajo’oro estreme).

Oroveso manifiesta a los druidas que el sucesor de Pollione será todavía más odioso que este (Guerrieri! a voi venirne). Ante la incertidumbre de que Norma se decida por la guerra, acuerdan disimular sus sentimientos y su odio ante los romanos. Norma llega al templo de Irminsul convencida que Pollione volverá con ella (Ei tornerà). Clotilde, no obstante, le comunica que el procónsul quiere raptar Adalgisa dentro del templo. Norma, furiosa, hace sonar el gong y convoca el pueblo. Ante todo el mundo, anuncia guerra total contra Roma (Guerra, guerra!).

Pollione, de mientras, ha sido detenido dentro del templo y es llevado ante la presencia de Norma, Oroveso y los druidas. Oroveso pide a su hija que lo sacrifique al dios, pero ella no puede y pide que la dejen sola con él.

Norma ofrece a Pollione salvarle la vida pero a cambio de que deje Adalgisa (In mia man alfin tú sei). Pollione no acepta y ella lo amenaza, primero con matar a sus hijos y, después, con matar a Adalgisa. El procónsul le ruega que no lo haga y ofrece su vida a cambio. Pero Norma está decidida a llegar hasta el final (Già mí pasco ne’ tuoi sguardi).

Norma convoca todos los druidas y les anuncia que añade una nueva víctima para sacrificar a Irminsul: una sacerdotisa perjura que ha roto sus votos. Pollione, pensando que se refiere a Adalgisa, le ruega que no descubra su nombre, pero Norma sorprende todo el mundo diciendo que es ella misma.

Oroveso y los druidas están horrorizados. Norma se dirige a Pollione para decirle que, a pesar de todo, no ha podido huir de ella porque sus destinos están fatalmente unidos (Cual corazón tradisti, cual corazón perdesti). Norma encomienda sus hijos a Oroveso (Deh! non volerli vittime) y, junto con Pollione, se dirige a morir a la hoguera.

LA METAMORFOSIS ROMÁNTICA DE UN MITO

El año 1831, el Théâtre del Odéon se añadía a la efervescencia romántica que agitaba París con el estreno de Norma huevo el infanticide, una tragedia en cinco actas de Alexandre Soumet que recupera la figura de Medea de la mitología griega y la reinterpreta en clave contemporánea, es decir, romántica. Los ingredientes esenciales ya venían de serie: una sacerdotisa que rompe sus votos por amor, un infanticidio latente como venganza y el sacrificio de una mujer dividida entre el amor, la traición y la piedad.

La pieza cautivó el público parisiense y tuvo suficiente impacto para llamar la atención de Felice Romani, libretista habitual de Vincenzo Bellini. No sabemos con certeza si Romani presenció la representación, pero el texto de Soumet le llegó, e hizo un libreto operístico que Bellini musicó en poco más de tres meses. Así nacía Norma, una de las grandes obras maestras del bel canto y un hito indiscutible en la construcción de la tragedia romántica. Además de Soumet, el libreto se inspira también en Las martyrs de Chateaubriand y en La vestale de Spontini.

Tanto la Medea de Eurípides como la Norma de Soumet son mujeres que, por amor en un extranjero, han traspasado los límites morales y espirituales de su mundo. Las dos son madres, pero la maternidad acontece un límite insoportable cuando descubren la traición: el hombre amado las ha abandonado por otra. El deseo de venganza emerge como respuesta visceral, y toma la forma de un infanticidio concebido como castigo simbólico. Pero mientras que Medea consuma el acto y huye con sangre en las manos, Norma para el brazo a tiempo, conmovida por la visión de sus hijos dormidos. Y escoge otra forma de sacrificio: inmolarse junto al hombre que la ha traicionado. Es aquí donde la mirada romántica transforma el mito.

Este giro emocional definitivo se produce a comienzos del segundo acto con “Dormono entrambi”, un fragmento que no es exactamente una aria, sino más bien un arioso de una intensidad contenida, en el cual la voz se funde con el discurso dramático y evita el lucimiento vocal superficial. Norma, con el puñal en la mano, contempla sus hijos mientras duermen. La acción no se para, pero su mundo interior sí: se debate entre la desesperación y la ternura. Allí donde Medea actúa, Norma reflexiona. Lo que en la tragedia griega es acción fatal, aquí es lucha interna, piedad y redención. Bellini compone una música que muestra una madre desarmada por su instinto, atrapada entre el dolor y el amor. La violencia acontece compasión, y el final trágico ya no es destrucción, sino sublimación.

Pero Norma no es solo una mujer traicionada: es sacerdotisa y guía espiritual de un pueblo ocupado y, por tanto, también una figura política. Su sacrificio final adquiere una dimensión colectiva y espiritual: no es solo la penitencia de una amante, sino la ofrenda de una líder. Norma no es víctima de una sola decisión, sino del choque inevitable entre todos los roles que representa: madre y transgresora, amante y sacerdotisa, mujer y símbolo. Su final —ritual y purificador— se inscribe plenamente dentro de la tradición trágica, pero es una tragedia de conciencia, de renuncia y de aceptación, no de castigo.

Una diferencia fundamental entre la tragedia teatral de Soumet y la ópera de Bellini rae precisamente en el desenlace. En Norma huevo el infanticide, la protagonista se libra suela al castigo: después de renunciar a matar sus hijos, se entrega a la justicia y es condenada a morir a la pira, cumpliendo así el castigo ritual por haber roto los votos sagrados. El amante traidor, Sévérous, no comparte su condena, a pesar del remordimiento que lo abruma.

En cambio, la ópera de Bellini transforma este final en una sublimación amorosa y redentora: Pollione, impresionado por la grandeza moral de Norma, finalmente lo acompaña en la muerte. El sacrificio ya no es solitario, sino compartido. Una decisión que encaja perfectamente dentro de la sensibilidad romántica que mencionábamos al principio: la tragedia no castiga, redime.

Christian Machio
Periodista y divulgador especializado en artes escénicas